Año 3 . NUMERO 1, MIAMI, NEW YORK, BUENOS AIRES, PARIS

 

..Si usted va a Paris y nunca se atrevió a ir al famoso Lido, el cabaret de Champs
Elysées, ha perdido uno de los puntos parisinos más importantes de la capital
francesa. Sin la conjunción de los que el mismo Lido llama “Los Visionarios” (los
hermanos Joseph y Louis Clerico que compraron el local en 1946 e imaginaron la
fórmula cena-show copiada en el mundo entero; la irlandesa Margaret Kelly,
conocida como Miss Bluebell, que comenzó en el local en 1948 y creó las Bluebell
Girls – piernas largas y buenas bases de ballet clásico, indispensables - célebre hoy
en el Lido y en Las Vegas; Pierre-Louis Guérin, quien con estudios de medicina sin
terminar y gran pasión por el espectáculo se une a los Clerico como director del
Lido y René Fraday, quien además de debutar al lado de la gran Mistinguett, ocupó
 la plaza de director artístico de 1947 a 1994), el Lido no existiría.

  Para que aprecie mejor esta nota, vale la pena haber leído este prefacio. 



LtA.- ¿Cómo llegó a Paris y por qué Paris? 
PR.- Las causas por las cuales dejé mi país fueron las de muchos cubanos: la falta de libertad que ocasionó la 

revolución y decidí irme a Paris porque yo había ya estudiado la lengua y la civilización que me habían ayudado a 

conocer a Francia. En fin, que elegí a Francia por amor. 

  Pero antes me tuve que quedar 4 meses en Madrid para recuperarme de los 2 años de trabajos forzados que tuve 

que hacer para poder salir de Cuba. Y me pasó una cosa curiosa. Llegando a Los Inválidos sentí una sensación 

muy extraña que me hizo decir: “¡Por fin estoy en mi casa!” Y hasta el día de hoy, extraño a Francia porque nunca 

Francia me hizo sentir como un extranjero.



LtA.- ¿Y cómo fue eso del Lido? 
PR.- Bueno, es que yo tenía cuatro centavos en el bolsillo y tenía que trabajar. Volver al clásico después de los

trabajos forzados era difícil porque no había podido hacer mis clases. Me faltaba el entrenamiento necesario. 

Como también había hecho cabaret en Cuba, un amigo me sugirió que fuera a tentar mi suerte en el Lido. Así que 

me fui directamente a la dirección conocida por todos y me topé con un señor que fumaba en los Champs Elysées, 

sentado frente al Lido, y me dijo donde era la entrada de artistas, a quien debía ver, cuándo y a qué hora 

encontraría a esa persona. Y me fui a mi casa sin saber el nombre de ese señor… 

  Por supuesto, hice todo lo que me dijo y grande fue mi sorpresa cuando pedí ver a Miss Bluebell y ésta ya sabía 

que yo iría, charlamos y me dieron el trabajo: un contrato por un año convertido después en siete. También me 

enteré más tarde que el señor que fumaba era el director del Lido: Monsieur Pierre-Louis Guérin en persona.

  Al año me promovieron a “capitaine des boys”  para reemplazar al australiano que partía, de común acuerdo con 

él. El Lido tenía entonces 3 solistas masculinos y una femenina. Más tarde uno de los masculinos partió y yo 

ocupé su lugar. Fue toda una distinción sobre todo porque yo era el más viejo de la troupe. Todos los muchachos 

todavía no tenían 20 años, yo empecé con 32 y me quedé hasta casi los 40.



LtA.- ¿Y qué anécdota feliz tiene de esas épocas? 



PR.- ¡Muchas anécdotas! Tuve ocasión de conocer a muchas personalidades, de vivir muchas sensaciones 

hermosas. Recuerdo mucho esas galas que se hacían en el Hospital de los Inválidos y la expresión de los enfermos, 

ese deslumbramiento por ver a los artistas del Lido. 

  ¡Mi primer encuentro con Maria Félix! En ese entonces yo vivía arriba del Lido en esos “studios”que rentaban. 

Y abajo había una perfumería muy pequeñita y muy chic donde yo compraba siempre mis perfumes y un día: Maria 

Félix estaba allí. Entonces me presenté y le expresé mi alegría de saber que no estaba en el hospital como se había 

publicado por ahí. Me miró de arriba a abajo sin decirme ni palabra. Me ignoró totalmente. “Quelle connasse!” 

Años más tarde, cuando yo ya vivía en el Carré du Louvre me invitó a una fiesta Thierry Le Luron que festejaba

sus 23 o 24 años.



LtA.- ¡Thierry Le Luron, qué buen cómico, a mí me gustaba mucho! 



PR.- Era un buen amigo. Pues en la fiesta de cumpleaños estaba el Tout Paris y allí volví a encontrarla. Esta vez 

más humana y muy bella. También conocí a Alain Delon, Catherine Deneuve, Yves Saint Laurent, estuve en el 

casamiento de Paloma Picasso. Recuerdo que para una fiesta que hizo Madame de Rothschild me fui vestido de 

Drácula.



LtA.- ¡Qué divertido! ¿Y por qué luego Miami? 



PR.- Mi madre había ya decidido dejar Cuba. Se había instalado aquí. Francia era demasiado fría para ella, así que 

me vine yo para pasar con ella algunos meses y son “algunos meses”que duran todavía. Y después, recomenzar a 

mi edad… El mundo ha cambiado tanto. Sin embargo, ya me dije que me voy a ir a pasar también allí “algunos 

meses” y como todavía no estoy jubilado… 



LtA.- ¿Y cómo está viviendo esta nueva experiencia teatral? ¿Qué se siente volver al teatro? 



PR.- Pues muy bien, soy un apasionado del teatro y es un orgullo estar al lado de esta magnifica actriz. 



LtA.- ¿Cómo llegó a usted este rol? 



PR.- Pedro Pablo Peña que es el productor de Los Próceres y La Casa de Marina que se presentan en el Miami 

Globo Theater me propuso a Zully y a Chacón, ambos aceptaron, así que aquí estoy. Y con un nuevo proyecto 

que circula a mi alrededor de la mano de Rolando Moreno. Pero ése es un próximo capítulo. 
 
Pepe Rodriguez junto a Pedro Pablo Peña
                                                                                 Charla amena recogida por la tía Ana

 

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